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miércoles, 9 de febrero de 2011

I hate trains.

¿Sabeis que es lo que más odio de cada día? ¿Casi más que levantarme de la cama, salir de la ducha en invierno o el sonido del despertador? El viaje en tren.
Adoro ir en tren. Odio ir en tren en hora punta y creo que esta aclaración es de las menos estúpidas que he hecho.


Odio a los que no esperan a entrar y antes de que el tren frene ya están dandole al botón desde afuera, cuando aún se ve gente dentro que NECESITA bajar para que se puedan subir los demás.
A los que meten codo y se cuelan como si de un concierto se tratase.
Odio a los que se bajan del tren agarrandose a la barra y tardan tanto.
Odio al gilipollas de la bici.
Al imbécil que me mira de los pies a la cabeza, sin ningún tipo de reparo.
A la señora que se escandaliza cuando llevo Pantera o Slipknot a toda hostia.
A los que a pesar de estar atestado de gente leen el periódico como si estuvieran en el puto baño de su casa.
A los que te ponen el culo en la cara cuando vas sentado.
A esos idiotas que creen que cambiandose de vagón encontrarán menos gente.
Aquellos que se agarran a la barra lateral y te encierran contra las puertas y tienes que olerles el sobaco.
A las que preguntan ¿te vas a bajar? - No señora, pero el vagón está tan lleno de gente que no tengo otro puto sitio en el que ponerme que delante de la puerta, deje de joder que le da tiempo a salir.
A todos esos hijos de puta que se apiñan contra la puerta en atocha ¡coged el tren antes y dejad de arrollarnos que en atocha nos bajamos todos!

Panda de gilipollas.

También odio a los maquinistas, no os creais importantes viajeros de RENFE en hora punta. Aunque se bajen 300 personas más en cada parada, el maldito tren va más rápido a las 8 de la mañana que a las 4 de la tarde.