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domingo, 23 de enero de 2011

Talk dirty to me

Me agarras de las muñecas con tanta fuerza que creo que me quedará una bonita marca de encadenamiento, como unas esposas, recuerdo de la lascivia y el sufrimiento.

Porque primero me engatusas con sonrisas y miradas y luego me haces sufrir, pidiéndote que por favor sigas y que no-te-detengas-¡ah!-joder-o-te-mato.

Ahí me tienes, en la cama incapacitada y dominada, con la respiración agitada y el pelo revuelto por toda la almohada. Una sola mirada tuya vale para que mis piernas te abran una puerta y entonces te colocas, haciendo que el solo roce me vuelva loca. Te mueves un poco y mi pecho sube y baja frenéticamente mientras que ya de mi boca salen tímidos gemidos. Entierras tu cabeza en mi pecho y te ríes con tu risa perruna haciendo vibrar mi abdomen. Cuando notas que tu risa me provoca más, porque lo hace, levantas la cabeza para enfrentarme, pones tu sonrisa torcida de niño juguetón y dejo escapar un suspiro que se convierte en gemido cuando tu mano, que ha seguido el mapa de mi pierna se va acercando al tesoro. Me fascina todo de ti; tu nuez, las venas de tus brazos, el sonido de tu risa, el color de tu pelo, como se debe de ver tu culo ahora mismo…

Te estoy mirando a los ojos, esos con las pupilas dilatas que destilan deseo puro, pero puedo imaginarme vivamente como tus fuertes manos suben por mi palidez, y tus dedos se hunden en mi carne con saña, para no dejarme escapar. Tus ojos me dicen todo; la rabia que me tienes, el amor que me profesas y lo cachondo que te pongo.

“Fanático del control” pienso.

Miro el blanco techo y cierro los ojos, ya que al fin dejas libres a mis manos que con el síndrome de Estocolmo vuelven a encarcelarse en tu sedoso pelo que ahora roza mi mejilla.

-Dilo – susurras contra mi oreja mientras tu lengua juega con mi lóbulo y yo me muevo entre tus caricias con pudor, elevando un poco las caderas y pidiéndote en silencio lo que quiero. Pero no digo nada, aún me puede la vergüenza.

-¿No? – me preguntas y te ríes mientras alejas tu mano de mi pierna y dejas de lamerme entera.

Me cuesta unos momentos reaccionar, hasta que ya el calor se disipa y la sangre vuelve a mi cabeza. Como sigo sin hacer nada continúas con tu ritual.

-¿No quieres retorcerte de placer cuando te toco…aquí? – señalizas al tocar mi entrepierna y en efecto, haciendo que me retuerza y jadee como una perra - ¿No quieres que mi lengua baile entre tus tetas? – me preguntas esta vez cerca de mi cuello y haciendo un húmedo camino hasta mis pechos. Gimo. Gimo muy alto porque tus dedos están dentro de mí, entrando y saliendo, serpenteando en lo más íntimo de mi ser y tu lengua hace maravillas ahí arriba, succionando como si no hubiese mañana.

“joder, joder, joder” pienso. Y es que no puedo pensar en nada más que en eso, en que me jodas de una vez y dejes de torturarme con esa manía que tienes de hacerme decirte lo que quiero, y como lo quiero. ¿Qué quiero? Que me folles como si mañana no estuviese aquí, tan sumisa y apegada a ti. Aunque sabes que estaré, y eso es lo peor. Y que acabaré por decírtelo, o nos pasaremos un buen rato muy febriles y con hielo en los genitales. Cabezón.

De repente paras, y es cuando me doy cuenta de que mi resistencia flaquea, que tengo que ceder, así que te agarro del pelo y levanto tu cabeza para que enfrentes mi mirada lasciva además de sentir mi humedad en tus dedos.

-Lo quiero todo de ti. Que me toques hasta que grite de placer y mi corazón no pueda bombear más sangre. Quiero más, más fuerte, más duro y sobretodo, que no pares. Quiero que me folles. – y te atraigo hacia mi boca, siendo por primera vez la que domina entre estas sábanas blancas y sudadas, que huelen a ti y a mi, y ahora a sexo.

4 Comentarios.:

javier dijo...

me encanta. Y lo he leído. :D

Ragno dijo...

Koral en su máxima expresión señores.

María A. dijo...

Síiiiiiiiiiiiiiiiiiii me has hecho gemir de felicidad, me gusta.

Creo que te has equivocado en "procesar", "profesar".

Sajke dijo...

Solo voy a decir una cosa:
Brutal.
En serio.