
Hay marcas de uñas y sangre en las espaldas de quienes no le merecemos.
Beta hembra retirándose.
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Porque primero me engatusas con sonrisas y miradas y luego me haces sufrir, pidiéndote que por favor sigas y que no-te-detengas-¡ah!-joder-o-te-mato.
Ahí me tienes, en la cama incapacitada y dominada, con la respiración agitada y el pelo revuelto por toda la almohada. Una sola mirada tuya vale para que mis piernas te abran una puerta y entonces te colocas, haciendo que el solo roce me vuelva loca. Te mueves un poco y mi pecho sube y baja frenéticamente mientras que ya de mi boca salen tímidos gemidos. Entierras tu cabeza en mi pecho y te ríes con tu risa perruna haciendo vibrar mi abdomen. Cuando notas que tu risa me provoca más, porque lo hace, levantas la cabeza para enfrentarme, pones tu sonrisa torcida de niño juguetón y dejo escapar un suspiro que se convierte en gemido cuando tu mano, que ha seguido el mapa de mi pierna se va acercando al tesoro. Me fascina todo de ti; tu nuez, las venas de tus brazos, el sonido de tu risa, el color de tu pelo, como se debe de ver tu culo ahora mismo…
Te estoy mirando a los ojos, esos con las pupilas dilatas que destilan dese
o puro, pero puedo imaginarme vivamente como tus fuertes manos suben por mi palidez, y tus dedos se hunden en mi carne con saña, para no dejarme escapar. Tus ojos me dicen todo; la rabia que me tienes, el amor que me profesas y lo cachondo que te pongo.
“Fanático del control” pienso.
Miro el blanco techo y cierro los ojos, ya que al fin dejas libres a mis manos que con el síndrome de Estocolmo vuelven a encarcelarse en tu sedoso pelo que ahora roza mi mejilla.
-Dilo – susurras contra mi oreja mientras tu lengua juega con mi lóbulo y yo me muevo entre tus caricias con pudor, elevando un poco las caderas y pidiéndote en silencio lo que quiero. Pero no digo nada, aún me puede la vergüenza.
-¿No? – me preguntas y te ríes mientras alejas tu mano de mi pierna y dejas de lamerme entera.
Me cuesta unos momentos reaccionar, hasta que ya el calor se disipa y la sangre vuelve a mi cabeza. Como sigo sin hacer nada continúas con tu ritual.
-¿No quieres retorcerte de placer cuando te toco…aquí? – señalizas al tocar mi entrepierna y en efecto, haciendo que me retuerza y jadee como una perra - ¿No quieres que mi lengua baile entre tus tetas? – me preguntas esta vez cerca de mi cuello y haciendo un húmedo camino hasta mis pechos. Gimo. Gimo muy alto porque tus dedos están dentro de mí, entrando y saliendo, serpenteando en lo más íntimo de mi ser y tu lengua hace maravillas ahí arriba, succionando como si no hubiese mañana.
“joder, joder, joder” pienso. Y es que no puedo pensar en nada más que en eso, en que me jodas de una vez y dejes de torturarme con esa manía que tienes de hacerme decirte lo que quiero, y como lo quiero. ¿Qué quiero? Que me folles como si mañana no estuviese aquí, tan sumisa y apegada a ti. Aunque sabes que estaré, y eso es lo peor. Y que acabaré por decírtelo, o nos pasaremos un buen rato muy febriles y con hielo en los genitales. Cabezón.
De repente paras, y es cuando me doy cuenta de que mi resistencia flaquea, que tengo que ceder, así que te agarro del pelo y levanto tu cabeza para que enfrentes mi mirada lasciva además de sentir mi humedad en tus dedos.
-Lo quiero todo de ti. Que me toques hasta que grite de placer y mi corazón no pueda bombear más sangre. Quiero más, más fuerte, más duro y sobretodo, que no pares. Quiero que me folles. – y te atraigo hacia mi boca, siendo por primera vez la que domina entre estas sábanas blancas y sudadas, que huelen a ti y a mi, y ahora a sexo.
Como las musas mitológicas lo hicieron, tú proteges mi arte,
Recordándome a cada instante que debo cultivarme.
Salvarme de las garras de la degradación y el olvido,
Sin olvidar ningún momento aquello que he vivido.
Me regalas sentimiento, lo más bonito que jamás ha habido,
Cuando toco cada cosa comparándola contigo.
Más erré en elegirte pues no me has correspondido,
tu ayuda, aunque no lo creas, me ha servido.
Haces que a cerveza huela mi aliento,
Y luego arrepentirme pues así menos te siento.
Mejor que cualquier droga es mirarte,
Y aún más lo sería si fueras mi amante.
- V de Vendetta
Me tatuaré unos parches para los ojos, para no verte ni que me veas mirándote. Para impedir que me vuelvas a encantar con ese cuerpo que Dios te dio. Para no ilusionarme al ver tu cabellera entre el gentío. Para no atraer tu mirada. Para que no veas sentimientos en mis pupilas dilatadas. Pero tampoco nadie más.
Arrancarme la piel a tiras, es lo que debería hacer. Evitar la palidez de cada centímetro de mi cuerpo. Para no sentir calor, tu calor. Ni el frío, tu frío. Para evitar deleitarme con cada bucle dorado que danza entre mis dedos y luego se escapa, juntándose con el resto, retándome a volver a cogerle. Me niego a tocarte a ti. Pero también a todos los demás.
Quisiera coserme la nariz para tu aroma no inhalar. Aquel que recojo cuando rozo mi mejilla para hablarte al oído. Ese que se desprende cuando te toco la melena y que se queda en mis manos. Este que me llega cuando me apoyo en ti y sonrío. El que deseo que quede impregnado en mi almohada. Desearía no olerte. Pero tampoco a nadie más.
Introducirme cuchillos en los oídos hasta sangrar quiero. Y dejarlos ahí, taponando el sonido y el eco. El sonido de tu risa, el de tus verdades, el de tu cantar, el de tu guitarra. Para dejar de temblar y sentir escalofríos. Para no entenderte más. No, no te quiero oír más. Pero tampoco a nadie más.
Y aún así, sería capaz de sentirte, aun cuando me faltasen los cinco.
Pero nunca cuentan la historia de lo que ocurre después. Tras los suspiros de satisfacción te miras al espejo. Tus pechos ya no están tan firmes ni tan bonitos. Tus pies están rojos e hinchados. Las medias son como una piel vieja que ha sido cortada y de la que te debes deshacer, y bajo ellas, unas piernas, que creías blancas, pero que ahora cuentan las historias de con qué te arrimaste y con dónde te caíste.
Te enfundas una camiseta vieja y unos pantalones anchos que ni a la que mejor figura tiene le hacen justicia y te tumbas en la cama. Todo empieza a dar vueltas de repente, la oscuridad te aterra, y cuando enciendes la luz y te levantas un poco sientes como tu estómago se venga de ti, quemándote el esófago con aquello que bebiste y de lo que ni te acuerdas mandándote una arcada que hace que te precipites sobre cualquier recipiente lo suficientemente grande como para contener tus entrañas. Y ahí va la purgación.
Te limpias como puedes y los ojos te lloran. En ese momento recuerdas toda la capa de pintura que con tanto esmero te pusiste esa misma noche, antes de que todo empezara. Coges una toallita y limpias de arriba abajo. El rímel que te hacía unas pestañas de muñeca de porcelana ahora parece veneno negro que se junta con las lágrimas y los restos de una sombra azul. Te ves fea, demacrada, como realmente eres y como de bien lo ocultas. Eso sí, siempre hasta la mañana siguiente.
Ahí, mirándote como realmente eres te prometes que jamás volverás a beber. Aunque no lo hicieras tan brutalmente como esa noche recuerdas (y es que lo recuerdas todo).
No hay nada mejor que empezar el 2011 con la sangre del señor, hielo y una bebida burbujeante en las partes más íntimas.
Juraría que me puse bragas rojas, pero el color de mi vomito es morado.
200 entradas. Feliz 2011.
-Decepcionante es ir perdiendo puntos en los exámenes según vas cometiendo errores.
-Amistades que se quedan en la nada, tras desconexiones de Internet que malinterpretamos como olvido sin dar lugar a explicaciones.
-Frustrante es perder una oportunidad que ni siquiera sé si hubiese tenido contigo.
No te conozco, y quizás por eso me molesta tanto. Porque no me han dejado. O puede que la culpa fuese mía, por que sí, yo abrí la boca. Y aunque no dije todas las estupideces que te contaron, quizás, en un tiempo, si hubiesen estado en mi cabeza. Pero es eso, el tiempo que no me han dado. El que vilmente me han robado.
Ahora me ha quedado el regusto amargo en la boca y un escozor en los ojos, junto a un peso que me oprime el pecho.
Y sigo preguntándome ¿qué hubiese pasado si…?
¿Qué hubiera pasado si…?
¿Qué habría hecho si…?
¿Qué…?
¿…?
¿?
Consigo juntar la entereza que no tengo para decidir que esto no se puede solucionar, y que lo nuestro siempre será una frágil amistad mientras hago chocar mi cabeza contra la pared repetidas veces. Culpándome de mi idiotez, y de esta boca, por la que no salen palabras, sino veneno.
Adiós, me hubiese encantado...pero ya, no.
Iros a la mierda.
Con MUCHÍSIMO (ironía) AMOR (sarcasmo), vuestra siempre (já), Ko. (también llamada la gililpollas que calladita está más guapa.)
momento es deliciosamente plácido, y pienso que nunca me habría imaginado que alguien pudiese dormir en un garito. Ni a mi lado. Ni sobre mi hombro. Entonces escondo mi cabeza entre tu esponjosa melena y sonrío apoyándome contra ti mientras observo como la gente grita cánticos y baila a saltos alzando sus copas y derramando el contenido por el lugar. Yo también me estoy durmiendo. En cierto momento te despiertas, notas el pelo sobre tu cara y abres los ojos como un gatito legañoso. Yo rezo para que te vuelvas a dormir y poder pasarme lo que queda de noche así tratando a la bestia que tan pacíficamente se duerme obviando las luces, el ruido y el frío.
Aunque el frío ya quedó olvidado cuando te sentaste a mi lado.
Cuando nos aproximamos a un libro de poesía como el de María Eloy-García, debemos, primeramente vaciar la mente, en caso de que se pueda, de toda idea de poesía que tengamos. Sobretodo si por poesía entendemos versos que rebosan amor y palabras cultas.
Y esto es comprensible al observ
ar la portada; lavadoras, neveras, carritos, batidoras… Cosas mundanas en la portada de un libro de un género tan desechado por la juventud al parecer tan abstracto y secretista o quizás más similar a un jeroglífico del periódico que te enerva al no poder descifrarlo. Todos estos objetos semi antropomórficos con brazos que están oponiéndose a esa figura, ni masculina ni femenina porque María Eloy-García aboga por una neutralidad
No se puede evitar pensar en Quevedo al ver esta temática, pues quién olvidará su poema “A una nariz” y esa fina ironía que María Eloy-García también usa. Y aunque aquí acaben las comparaciones, no por ello peor es “Cuánto dura cuanto”, pues el estilo de María Eloy-García se convierte en suyo propio como demuestra al exponer su gran sabiduría ante estos temas tan dispares como son las neveras, la teoría de Plank o la vecina del tercero b. Pero no sólo se trata de utilizar temas mundanos para hacer poesía, sino que ella va más allá e introduce un punto filosófico mientras juega con las palabras y te deslumbra con esa estética tan clara. Un grato recurso que utiliza muy hábilmente la autora es jugar con la polisemia de las palabras. Quizás, uno de los poemas en los que más puede apreciarse esto sea en “La peluquera”, donde encontramos versos como “la permanente rizada del tiempo / entonces la peluquera no pudo cepillarse / al encargado de la pequeña empresa de su vida”
La estructura del poemario responde a cuatro partes; la primera llamada “El ciclo de hipermuriel”, la segunda, “Transverberación de la vecina”, la tercera “La puerta de Magritte y por último el epílogo seguido de un poema fotonovelado.
Nada más comenzar la lectura de “El ciclo de hipermuriel” se nos puede venir a la cabeza la canción “Disfraz de tigre” del grupo Hidrogenesse. Es como si los poemas fueran a la par de esa canción tan Indie con un ritmo propio, como los poemas, pero sin ser pegadizo del todo, un tanto pasivo y repetitivo, como Muriel. Muriel que tiene tantos trabajos; cajera, reponedora, carnicera, charcutera, encargada… que expresan con frivolidad la búsqueda de una identidad, como la protagonista de la canción, que es desde un vocoder a un disfraz de tigre. Y todo esto no es más que un juego, como el propio titulo “hipermuriel” una sucesión de trabajos en un hipermercado. Una brillante colección de poemas que acaba con la imagen de un ticket de la compra. Y obviamente, te atendió Muriel.
Al llegar a la segunda parte del poemario nos encontramos con un big bang de ideas y de conocimientos. El primer poema versa sobre filosofía, algo escondido tras una sopera mitificada.
“Cuánto cuanto” es una forma de explicar la teoría de plank jamás imaginada, incluyendo fórmulas y que hace recordar a los amantes de las ciencias chistes como “¿Cómo suena un electrón cuando cae? Plank”.
Transverberación de la vecina, que da título a este bloque es como un balde de agua fría sobre la cabeza del ama de casa que no piensa más allá de cuánto han subido los tomates.
Relacionando así, la ciencia, una peluquería, la filosofía y un patio de vecinos se llega al poema cúspide de este bloque y que luego es el poema fotonovelado del final del libro: “El bien inmueble” que es quizás, uno de las mejores del libro.
Es un poema cautivador que describe a los vecinos por pisos a los que designa un nombre o un adjetivo y al que todos, probablemente cambiando la numeración de los pisos en caso de vivir en un bloque, nos podemos sentir vinculados de alguna manera; estando la timidez en el quinto, en el noveno la veneración compartiendo piso con la envidia y en el octavo, el tiempo, que irónicamente se quedó encerrado en el ascensor.
Pasando a la tercera parte encontramos reflexiones del día a día, que si bien no hemos pensado en ellas antes, es hora de hacerlo tras la lectura de los poemas. Esta tercera parte comienza con “Sobre la espera”, poema que al acabar nos clarifica esa cadena, fila o cola de la vida en la que nos sucedemos como primeros y últimos, pasandonos una esfera llena de espera.
En “la otra óptica” se habla realmente de la otra óptica, en un poema cuyas palabras, sí bien no están buscadas y colocadas al milímetro, lo parece.
En “Los límites” se vuelve a jugar con la ciencia -esta vez las matemáticas- dejando atrás las teorías físicas y la biología de los organismos del cámbrico, con una pincelada de romanticismo científico que nos hace recordar la relación simbiótica expresada matemáticamente como: Hongo + Alga = Liquen. Siendo Liquen = Amor. Sólo que en este poema hay más paralelas y límites que “tienden” en todos los sentidos de la palabra, la cual es clave para el poema.
“La gran prostituta” es un poema divertido y crítico que mezcla prostitución, cristianismo y algo de ciencia que dan lugar a versos tan magníficos tales que “Cinco mil por la luz / diez mil y un completo de verdad y conocimiento”.
Y el poemario acaba con un epílogo que recoge el poema “La ranura” seguido del poema fotonovelado.
La frase que resume todo este brillante poemario es: “Porque aunque ya esté todo dicho, hay mil formas de decir lo mismo”.
Ella es extraña, extravagante. Ella cena sola los viernes por la noche, encerrada en su cuarto y lo
haría con e cerrojo echado si su puerta lo tuviese. Para ella comer es como ritual que no debe ser interrumpido. Es uno de los más grandes placeres de su vida, junto a la masturbación, la Coca Cola y ver amanecer todos los días de verano desde su ventana con barrotes rojos que empiezan a ser comidos por el óxido.
Esta noche ha cenado tarde; a las dos de la mañana se ha sentado en su silla de ordenador, ha colocado su edición del Quijote sobre la mesa y encima el bol de ramen caliente junto a los palillos que se llevó de aquel restaurante oriental. Ha movido el ratón y ha elegido un capitulo aleatorio de alguna serie con un personaje principal sarcástico que le gusta. Ha pensado que visto desde fuera la gente sarcástica es digna de admiración, pero cuando te hacen un comentario de ese tipo es una putada.
Tras darse cuenta de que ella es una de esas personas narcisistas e irónicas que se esfuerzan cada día para demostrar su ingenio ha desechado ese pensamiento y ha comenzado a comer.
Ella mira su escritorio. Está lleno de vasos vacíos con restos de Coca Cola y hielo derretido, pañuelos de papel usados, folletos y un calendario. Después le ha echado un ojo al suelo; bolsas de plástico, ropa, zapatillas y muchas pelusas. En la trayectoria de su mirada se cruza con el armario y con sus grandes puertas con espejos. En él ve a una chica en chándal; con una coleta minúscula, maquillaje corrido y pelo grasiento que cena sola ramen con unos palillos adornados con flores.
Ella espera algo.
Pero la ignorancia sobre ello no hace más que propiciar la sensación de apatía que la invade.
Ella acaba su cena y con ello sus pensamientos sobre el futuro. Pensamientos en los que cree que acabará siendo una escritora al principio exitosa y luego fracasada con fobia al compromiso, que vive con cuatro gatos y está sumergida en un mundo alcoholizado y sexual.
Y eso es si le va bien en la vida.
Ella los sábados:
Ella está preparada para salvar el mundo y celebrarlo. Se ha dispuesto hacer cosas que nunca haría como ir a manifestaciones. Allí se presenta y vive la experiencia de formar parte de un todo por algo que merece la pena. Grita los eslóganes que los demás. Canta por la libertad, y sujeta su cartel de “I am Julian Assenge” y posa para las cámaras como una prostituta de la libertad. Mira la hora y se va corriendo a la boca de metro más cercana. Calcula el tiempo que tardará y se apresura un poco más.
Hoy se ha preparado a conciencia. Hoy está maquillada y peinada, pero con las prisas vuelve a parecer un león lloroso. Aún así no se siente mal porque cumplió con su ritual de maquillarse y mirarse al espejo poniendo morritos y pensando: “Yo me follaría, me follaría a saco”. En el metro se sienta con las piernas torcidas y mirada de niña pequeña. Mira de reojo a una chica con unos preciosos ojos verdes que parecen llorar y se suma en su miseria. Cuando cambia de línea se cruza con un par de niñas que no llegarán a los 15 años y que aún tienen las piernas delgadas y kilométricas gracias a los tacones. Ella piensa que son unas niñatas, que ella se merece a alguien mucho mejor, alguien que no pueda matarla con un zapato con los mismos centímetros que su edad.
Hoy se ha decidido que va a beber whiskey. Por un día no pasa nada. Cruza el campo y saluda a muchas personas. Sabe que sólo recordará el nombre de algunas de ellas al día siguiente, y eso si no tiene lagunas. Pero se siente bien en ese mar de chupas de cuero, leopardo y cebra mientras se gritan canciones de rock n’ roll. Hay un chico que tiene la amabilidad de hablar con ella. Y según va apurando su copa más segura se siente. Tan segura que acaba por beber whiskey con biofrutas y, consecuentemente, vomitando.
Ahora siente que ha perdido un poco de dignidad, pero se esfuerza tanto por sentirse bien que la da igual. Hoy ha venido a socializarse. Y así lo hace. Consigue reponerse y además, bailar con una pelirroja. Según recuerda, alguien repartió papel de tabaco, si tenías un trozo, estabas invitado a la orgía. Esa orgía que acabó por convertirse en un supuesto trío y en una noche un tanto extraña, pero que llena de besos, miradas, ruido, saliva y comentarios subidos de tono la ha aportado lo que ayer tanto deseaba.
Y hoy, le duele la tripa.
Mordiscos, Ko.
Yo no era así. Yo era puta; una pícara a la que todos conocían profundamente en el sentido más literal de la palabra. Una puta que entraba a las fiestas encorsetada y salía desprestigiada. Una puta que no tenía reparos en enseñar la cara ni besar en la boca, con lengua, con dientes… Al entrar en una sala las mujeres me miraban con desaprobación por encima del hombro y arrugaban la nariz como si olieran mierda. Yo las imitaba y fruncía el ceño, pero siempre acababa recurriendo a ese arqueamiento de cejas que de mi padre aprendí y que, aunque irónico quedaba en él, seductor quedaba en mí.
Recuerdo la última vez que entré en una fiesta de la alta sociedad. El Conde de Mim realizaba un baile en su Mansión, cerca de Cottnot park, en su residencia de verano privada; es entonces cuando recibí la visita de Sir. Lamont (un cliente habitual) en mi calle, Helment Street. Sería el mes de Mayo y aunque era primavera, las calles de Londres por las noches siempre han sido gélidas.
Mientras me apoyaba contra la pared miraba el estrecho callejón que desembocaba en mi calle y que, al contrario que la mía, estaba mejor iluminada. Los adoquines resonaron al paso de un hombre tosco y su sombra. Un hombre con barba de varios días y muy delgado que se paró delante de mí sin siquiera mirarme. Lo reconocí por su fragancia tan fuerte que me cortaba la respiración. Sir Lamont se quitó el sombrero y lo giró con histerismo entre sus manos. Mantenía la cabeza gacha, lo que le provocaba una pequeña chepa. Vergüenza en sus ojos y culpa sobre sus espaldas. Me aparté el pelo de las orejas deseando que el frío taladrara mi calavera y cristalizara mis pensamientos para que se frenasen ante esta afrenta que tan común era, y tanto me dolía.
-Necesito compañía – murmuró con voz grave mientras el vaho provocado por el frío salía de su boca como una calada y desaparecía según se acercaba a mí.
-Como todos - le respondí.
-Esta vez será diferente. Necesito de tu compañía en un baile, pues allí se me reclama como asistente. No tengo hijas ni esposa y necesito pareja de baile. En una semana volveré y la llevaré en un carruaje hasta el hotel donde se -cambiará y se hospedará después de la fiesta. Hasta entonces, cuídese.
Tras el discurso me miró con firmeza esperando una respuesta. Asentí y le señalé el camino por el que había venido, pues otro cliente requería de mis servicios.
Él sabía que no haría falta discutir el precio pero le saldría caro. Más caro que un revolcón en la pensión que estaba a la vuelta de la esquina y en la que, semana tras semana, necesitaba un poco de mi “amor”.
No es que fuese famosa, pero tampoco era discreta. Supuse que me regalaría un vestido bonito que me tapase lo bastante como para que nadie reconociera mis lunares y mis pecas y no quedar como el viudo que danza al son de la música más clásica con…una puta clásica.
No me gustaba tener que disfrazarme. Ser puta era algo que me daba libertad pues no estaba forzada a acostarme con cualquiera que me lo pidiese por cuatro libras. Yo seguía teniendo la última palabra y desfallecer de hambre era mi última palabra. Incluso en lo que a vestuario se refiere yo también estipulaba las prendas a vestir. Estas inanes normas de cortesía no estaban en mi ser. Y eso era extra.
El domingo se presentó un carruaje en mi calle tirado por dos caballos negros al cual accedí subirme pues ya me era conocido. Ya dentro empecé a fantasear con mi virginal vestido. Esperaba que fuese de tela fina y suave; algo translúcida y posiblemente color crema. Tendría algunos volantes y algún bordado en verde y por supuesto, me haría pasar por mujer recatada.
Al llegar a la habitación me esperaba sobre la cama un despampanante vestido verde bosque el cual se había de conjuntar con un corsé negro, junto a esto, reposaba sobre la almohada una liga morada.No difería mucho de lo que solía llevar aunque definitivamente el verde era mi color y él lo sabía.
Me vestí lentamente admirando mi cuerpo en el espejo y entregándome al acogedor calor de una buena habitación de hotel. Tras estar completamente vestida me senté en el tocador a preparar y domar mis rizos en un moño alto con algunos tirabuzones rojizos enmarcando mi cara. Rehusé maquillarme en exceso y me quedé contemplando mi rostro en el espejo. Examinando la habitación a través del reflejo, divisé detrás de mí un broche para el pelo y un par de pulseras a juego en la mesilla junto a la cama. Me gustaban las alhajas así que me las enfundé y posé frente al cristal.
-Estás preciosa – susurró mi pareja de baile desde la puerta a la par que avanzaba sigilosamente en mi dirección.
En ningún momento deje de mirarme porque no había olvidado la degradación hacia mi persona la semana pasada. Se acercó por detrás y me colocó una gargantilla de la cual colgaba una pluma de pavo real. Sin más dilaciones salimos de la habitación y nos dirigimos al baile. No hubo palabras durante el camino. Sólo su penetrante mirada recorriendo mi cuerpo que tan conocido le debía ya de ser pero que, semioculto, ofrecía una especie de erotismo que le hacía renegar de su humanidad y sacaba sus instintos más primitivos, como el de salivar en exceso.
Divisamos la mansión completamente iluminada y decorada en medio de la noche desde el carruaje. Según nos acercábamos oíamos los violines y el piano que con celeridad pasaban de melodías occidentales a orientales, sin dejar ese tono alegre tan propicio para una fiesta.
Sir. Lamont llamó al timbre, respiramos y esperamos muy erguidos. Vimos una sombra por el cristal y la puerta se abrió dejando paso a una humareda de olores frutales y a una melodía de tipo oriental. Mi pareja me cedió la entrada con un movimiento de brazo al igual que el mayordomo, que me invitaba a entrar posando su mano en la mía para ayudarme a subir un insignificante peldaño. Yo era puta, no lisiada, no necesitaba ayuda de este tipo. Pero una siempre podría acostumbrarse. Fantaseé, por un momento, en mi vida como una dama de la clase alta de la que solo se espera que baile y quizás que toque el piano.
Tras quitarnos los abrigos nos adentramos en la mansión para encontrar la sala impregnada de fragancias caras, tabaco de pipa y una humareda muy densa que parecía invitada en la fiesta y no pensaba irse pese a la ventilación de las habitaciones.
Pasamos a la sala principal donde un grupo de hombres y una mujer rodeaban un narguile formando un círculo sobre cojines de colores rojizos y dorados. La conversación parecía tratar de política, y contrariamente a lo que suele ocurrir, no había ni disputas, ni palabras malsonantes.
Esta sala no era ni para Sir Lamont ni para mí, así que giramos a la izquierda y siguiendo unos tapices y un montón de cortinajes púrpuras llegamos a lo que parecía una improvisada sala de baile. Y digo improvisada porque la sala era lo suficientemente grande como para que bailaran allí más de 30 parejas simultáneamente. En cambio, había un par de picaruelas muy apegadas a sus parejas y tres bailarinas exóticas moviendo sus vientres mientras una jauría de perros las vitoreaban. Sir Lamont, aunque parecía fuera de lugar se adentró más en este recinto.
-Buenas noches, mis queridos invitados, ¿disfrutando la fiesta? – nos asaltó el Conde de Mim de la nada mientras sostenía un vaso de licor.
-Sí…- Titubeó Sir Lamont.
-Ya sé Harry que este no es tu tipo de fiesta favorita pero ¿qué esperabas si te dejaba traer a esta acompañante?
Ser puta también conlleva aguantar y resignarse a escuchar este tipo de comentarios estoicamente, aunque no por ello podía controlar primero la sorpresa y luego el enfado que se dibujaron en mi cara.
-Sé a lo que se dedica, señorita, de todas maneras, aquí no importa, hoy no – se giró buscando a alguien - ¡Dorian! Ven aquí, muchacho.
El tal llamado Dorian, se encontraba en el centro de la fiesta, en el punto intermedio entre la política y el erotismo, y parecía participar de ambos, aunque no activamente.
Dorian, al ser llamado, saco la mano del bolsillo y apuró su copa antes de contestar si quiera con la mirada al llamamiento del anfitrión. Sonrió y se acercó, primero cabizbajo pero luego, al llegar a nuestro lado, separó un poco los cortinajes que formaba su melena y nos reveló el rostro más perfecto que jamás yo viese. Sentí mis pupilas dilatarse y mis ojos moviéndose frenéticamente por toda su cara memorizando cada trozo de piel y fantaseando con lo que aquel chaleco escondería.
-Siempre la misma reacción Dorian – le dijo al muchacho – Por si no le habías conocido antes en persona – hizo una pausa para dar más dramatismo - este es el famoso Dorian Gray.
-No creo merecer esa fama Charles.
-Famoso tanto por su hermosura como por su modestia, una lástima que sea fingida.
-Y aunque finjamos, ¿no es mejor eso que la arrogancia directa? ¿No es mejor saborear la dulce mentira antes de ser escupida que atragantarse con la verdad?
-Grandes palabras para alguien que escucha a Henry – dijo con desprecio el último nombre – Les dejo con Dorian, debo atender a Clarissa.
Le miramos mientras se reunía con una cabaretera y ambos emprendían el rumbo hasta el segundo piso con premura.
-Señor, ¿podría prestarme a su dama un segundo? Creo que es mí deber enseñarle las nomeolvides del jardín; son hermosísimas en la noche.
Lamont le miró consternado, pero aún así, el joven Dorian desprendía un halo de pureza, bondad y sinceridad que pudo con la reticencia de Lamont a quedarse solo.
Dorian me sonrió de forma cómplice, con la misma sonrisa que yo usaba con mis clientes al verles para no utilizar las palabras que tan fuera de lugar estaban.
El muchacho me ofreció el brazo para colgarme de él y juntos cruzamos la puerta al patio. Hacía frío, muchísimo frío para la escasa ropa que llevábamos todas las mujeres de la fiesta; por ello sólo los hombres se reunían en un pequeño banco para charlar y fumar lejos de sus mujeres. Dorian hizo caso omiso a mis estremecimientos y me guío como lleva el amo al perro con la correa de paseo. Me hizo un tour por todo el jardín sin mediar palabra. Al terminar le miré y fue entonces cuando se abalanzó sobre mí, no como un caballero, sino como un demonio ardiente que puede coger lo que quiere sin pedir permiso siquiera y no le será reprochado nada.
Sentí su lengua violar mi boca e impregnar de su esencia la mía mientras sus manos masajeaban mis caderas. Jadeaba y se separaba sólo unos milímetros de mí para ver con claridad mis reacciones y quizás, dándome tiempo a corresponderle.
De vez en cuando, las putas también tenemos sexo sin cobrar. Y no es que seamos zorras, es que quizás se encuentre a alguien que merezca la pena. Y Dorian la merecía.

Le aparté un poco de mi para su sorpresa, sólo para dejarle claro quién llevaba el mando, y por ello, le besé. Esta vez fui yo la que tomó la iniciativa y decidí, sin pudor, tomar sus labios entre los míos degustándolos.
Sigo sin comprender la reacción que provoqué en Dorian, pero hoy por hoy, recordándolo, sigo creyendo que lo vio como un desafío y por ello me apretó contra la pared aún más, separando mis piernas con la suya y haciéndome sentar sobre esta, cerrando el espacio entre nosotros, haciendo que de repente, la fría noche fuera neutralizada por nuestro calor mutuo.
Con una mano, agarró mi mentón y me hizo mirarle a los ojos mientras comenzaba a mover su pierna para crear fricción en mi zona íntima, creando una especie de vaivén, un baile frenético.
-Mírame – me susurró cuando cerré los ojos entregándome al placer.
Intenté hacerlo, pero justo cuando la señal llegó a mi cerebro Dorian quitó su pierna. Para mi deleite fue sólo para sustituirla por su mano, que se coló por mi vestido al igual que una ráfaga de aire frío y serpenteó entre mis bragas hasta que encontró lo que buscaba gracias a las señales que le daba con mis gemidos.
Aquella fue sin duda una noche extraña, Dorian continúa viniendo de vez en cuando. Pero nunca como cliente. Sir. Lamont…algo le ocurrió aquella misma noche.
Besos prostituidos, Ko.
Hoy es un dia triste para la libertad. - FrantasíaHistory will win. The world will be elevated to a better place. Will we survive? That depends on you. - quote - Andi.
2 de diciembre de 2010: la empresa proveedora EveryDNS decide la rescisión del contrato con WikiLeaks cortando su acceso el día 2 de diciembre a las 10 de la noche. El ministro francés Eric Besson pide a OVH que deje de albergar el portal de WikiLeaks. El Partido Pirata suizo ofrece alojamiento a WikiLeaks con la nueva dirección wikileaks.ch.
3 de diciembre: se ha llevado a cabo una reforma de ley en Estados Unidos conocida como el Acta SHIELD (Securing Human Intelligence and Enforcing Lawful Dissemination), una modificación del Acta de espionaje que prohíbe la publicación de información clasificada sobre secretos cifrados o comunicaciones internacionales de inteligencia.
4 de diciembre de 2010: PayPal cancela la cuenta que tenía con WikiLeaks, a través de la cual la organización obtenía financiación en forma de donaciones, aduciendo una supuesta violación de las políticas de uso en referencia a que no están permitidas "actividades que defiendan, promuevan, faciliten o induzcan a otros a participar en actividades ilegales". El portal Geek alt1040, entre otros, han convocado un boicoteo de Amazon y Paypal por negar el servicio a wikileaks.
6 de diciembre: Mastercard comunicó que se había unido al bloqueo y que no iba a aceptar su sistema como medio de pagos a WikiLeaks.
7 de diciembre (3:00 am): Comienza la operación Payback convocada por los Anonymous. Principalmente se centran en enviar ataques DDos contra postfinance.ch, también le declaran la guerra a paypal y amenazan a twitter por la censura que ha habido de los trendin topics a pesar de la negación pro parte del staff. Ni #wikileaks, ni #JulianAssenge ni #cablegate figura como trending topic a pesar de serlo.
La operación Avenge Assange sigue en marcha. Julian Assange figura como número 1 en la encuesta de personas más influyentes del 2010 por la revista Time ( y esta vez sin manipulaciónes como la que hizo /b/ con moot.)
Los boicot continuan. La gente sigue mostrando su descontento, cientos de mirror de wikileaks siguen en la red para que cualquiera lo lea y se ha creado la web: http://www.justiceforassange.com/
7 de Diciembre: Se emite una oden de arresto contra Julian Assenge y se le persigue, no por las filtraciones sino por la supuesta violación de 2 mujeres. Hoy mismo es arrestado en Londres.

¡Vota por Julian Assenge como persona más influyente del 2010 por la revista Times!
veamos que hacen si sale ganador. Dale un 100 a Assenge: http://www.time.com/time/specials/packages/article/0,28804,2028734_2028733,00.html
Firma para que despidan a los que piden el asesinato de Julian Assenge por defender la verdad:
http://www.petitiononline.com/lll123/petition.html
Articulo sobre el cablegate: http://es.wikipedia.org/wiki/Filtraci%C3%B3n_de_documentos_diplom%C3%A1ticos_de_los_Estados_Unidos
Wikileaks anunció sin embargo hoy que la detención de Assange no afectará a la divulgación de los cables, que también han sido condenados en numerosos países afectados por las revelaciones.
“Las acciones de hoy en contra de nuestro redactor jefe Julian Assange no afectarán nuestras operaciones: difundiremos más cables esta noche como de costumbre”, indicó WikiLeaks en la página de 'microblogging' Twitter.
Wikileaks se ha tachado de organización terrorista, todo por defender la libertad y exponerla libremente para que todos pensemos sobre ello. Es la era de la libertad. Y no nos van a callar.

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